martes, 13 de octubre de 2015

Invitación inesperada

Óscar, el director de mi colegio, me ha llamado mientras yo estaba en clase: "¿Podemos hablar un momentito? No te preocupes, es algo bueno". Mi cara tuvo que ser la culpable de estas últimas palabras.
Así que me senté luego en su despacho y me dijo que era consciente de que tengo mujer y dos hijos pequeños y que mis fines de semana estaban reservados para mi familia y para mi labor apostólica, parroquial y comunitaria. Y para corregir exámenes también, pero desde la Fundación Spínola me ofrecían realizar un curso llamado Educar en la Interioridad, en Madrid, un finde al mes.
Me hizo ver que yo tenía las cualidades necesarias para este máster universitario, y que los gastos corrían a cargo de la joven Fundación.
Así que acepté. Y en ese momento comenzó mi aventura hacia mi Castillo interior.
¿Lograré atravesar el complicado laberinto que me lleve hasta el centro de mí?
¿Qué me encontraré si lo logro?